
Por Ricardo Caballero de la Rosa
A medida que México avanza hacia 2026, las expectativas sobre la inflación muestran un panorama de moderación, pero con retos importantes que han alimentado el debate entre economistas y críticos de la política monetaria del Banco de México (Banxico).
Según las encuestas de expectativas publicadas por Banxico y otras fuentes privadas, el consenso proyecta que la inflación general al cierre de 2026 se situaría alrededor de 3.7% – 3.8% anual, con la inflación subyacente en niveles similares o ligeramente más bajos. Estos resultados reflejan una convergencia hacia el objetivo de 3% establecido por el banco central, aunque todavía por encima del centro del rango objetivo.
Un elemento central en el debate económico actual es la credibilidad de Banxico como guardián de la estabilidad de precios. Este tema ha cobrado fuerza en informes y análisis de prestigiosas instituciones y economistas.
Uno de los críticos más visibles es Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics. En análisis recientes ha señalado que Banxico ha perdido credibilidad debido a su manejo de la política monetaria en 2025, particularmente por reducir la tasa de interés en 300 puntos base antes de que la inflación convergiera firmemente hacia el objetivo. Según Coutiño, esto envió señales contradictorias al mercado: aunque la economía requería estímulo por su debilidad, la inflación subyacente se mantuvo alta y no hubo suficientes evidencias de convergencia al 3%, lo que erosionó la confianza en la capacidad del banco central para cumplir su mandato.
El diagnóstico, compartido también por otros medios, señala que ni los mercados ni los analistas creen que la política monetaria actual sea eficaz para alcanzar la meta de inflación, lo que pone en duda no solo la comunicación sino el propio poder predictivo de las decisiones de Banxico.
Otra crítica relevante proviene de economistas de Citigroup, que han señalado que Banxico ha tenido que ajustar repetidamente sus pronósticos de convergencia de inflación, lo que se interpreta como una falta de consistencia y previsibilidad en la estrategia monetaria. Esto a su vez afecta la confianza de los agentes económicos en las proyecciones del banco central.
A pesar de las críticas externas, en las encuestas de especialistas recopiladas por Banxico, los analistas a menudo muestran expectativas de inflación que gradualmente convergen hacia el objetivo, aunque ligeramente por encima de 3% para 2026, lo cual refleja una visión más optimista que algunas voces críticas externas. Estas encuestas incluyen a economistas del sector privado, casas de bolsa y consultoras que, aunque reconocen los riesgos, aún prevén una moderación de la inflación con el apoyo de la política monetaria vigente.
En conjunto, las proyecciones apuntan a un 2026 en el que la inflación se acerca al objetivo del banco central, pero las dudas sobre la credibilidad de Banxico y la efectividad de su política monetaria siguen siendo temas de debate entre economistas, lo cual influye en cómo los mercados y analistas ajustan sus propias expectativas para el año que viene.
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