
Implacable por Paty Herrera
La disyuntiva para la PresidentA con A llegó mucho antes de lo esperado. Donald Trump, con su estilo provocador y agresivo, lanzó una amenaza a la soberanía y al régimen de Morena. Sheinbaum, de forma casi infantil, volvió a hablar del derecho internacional, de la autodeterminación de los pueblos y de la misma eterna cantaleta zurda de todas las mañaneras.
Se dice y se rumora que las llamadas de Palenque a Palacio Nacional no han cesado, y el Capo de Macuspana, más allá de estar furioso con su empleada, tiene miedo de que su régimen caiga y deje al descubierto los pactos que hizo con los cárteles mexicanos y el apoyo económico que Morena recibió del chavismo durante todos estos años.
Porque el problema no es Trump, en realidad. El problema es que México se convirtió en un narcoestado protector de asesinos y ladrones de cuello blanco. Claudia repite demasiadas veces su defensa de la soberanía, pero omite que buena parte del territorio nacional está gobernada por organizaciones criminales que cobran impuestos, violan, roban y asesinan en estados gobernados, casualmente, por Morena.
La señora Sheinbaum guarda silencio sobre los gobernadores de su partido señalados reiteradamente por presuntos vínculos con el narcotráfico. No son rumores de la derecha fascista: son investigaciones periodísticas, filtraciones de agencias estadounidenses, reportes de inteligencia y escándalos públicos que el régimen ha optado por barrer debajo de la alfombra.
Ahí está el caso de Sinaloa, donde la frontera entre gobierno y crimen parece más administrativa que ideológica. O Tamaulipas, donde la historia reciente de Morena está marcada por expedientes incómodos y detenciones de alto perfil que nunca tocaron al poder político local. O Michoacán, Guerrero y Chiapas, donde los cárteles operan a plena luz del día mientras los gobernadores repiten consignas de “paz” desde oficinas blindadas.
Igual que un depredador hambriento, Trump huele la ausencia de liderazgo y conoce muy bien los nexos de corrupción entre el narco y Morena, y exige que las cabezas de sus presas le sean entregadas en bandeja de plata. Pero la SeñorA PresidentA con A parece no estar dispuesta a desafiar las estructuras criminales enquistadas en gobiernos federales y estatales.
Más de 180 mil homicidios después, Morena insiste en la misma narrativa moralista: atender las causas, programas sociales, cooperación diplomática. Todo eso suena muy bien en un seminario universitario, pero es grotescamente insuficiente frente a organizaciones criminales que poseen armamento de guerra, control territorial y redes políticas.
Ningún compatriota desea marines en suelo mexicano, pero mientras Morena siga gobernando territorios capturados por el narco y defendiendo a políticos bajo sospecha, su nacionalismo no será más que una coartada. Y en el mundo real, las soberanías que no se ejercen se pierden.