Implacable por Paty Herrera

En tiempos donde la política suele confundirse con la ambición personal o el triunfo inmediato, la trayectoria de Pavel Gaspar Ramírez nos recuerda que el poder también puede ejercerse desde la convicción, la memoria histórica y la unidad. Su historia no es mero postureo, es el resultado de una formación política forjada desde abajo, desde la Mixteca poblana y desde la verdadera izquierda que entendía la lucha social como un compromiso de vida.

Pavel Gaspar pertenece a una generación que aprendió temprano las lecciones más duras de la democracia mexicana. Lo dice con claridad cuando recuerda en 2006, que la falta de inclusión y de apertura les impidió defender un triunfo que era legítimo. En 2012 llegó el aprendizaje y en 2018 la confirmación de una idea central que hoy sigue vigente, solo la unidad amplia, incluyente y generosa permite transformar al país.

Hijo de Horacio Gaspar Lima fundador del PRD en Puebla, diputado local y referente de la izquierda histórica, Pavel no heredó un cargo, heredó una convicción. Esa herencia se expresa en su identidad mixteca, en su experiencia como migrante y empresario, y en una práctica política que prioriza el trabajo de campo sobre el estrado. No es casualidad que en su primer informe de actividades haya puesto en el centro a la Mixteca poblana y sus necesidades sociales históricamente postergadas.

Su paso por el Congreso de Puebla confirma su coherencia política. Desde su llegada a la LXII Legislatura, y posteriormente como Presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (JUCOPO), Gaspar Ramírez consolidó una imagen de liderazgo dentro de Morena. En un contexto donde las fracturas internas suelen paralizar a los partidos, su liderazgo apostó por el diálogo y la estabilidad institucional. Qué ante cambios en el gabinete estatal, garantizaron continuidad y cohesión legislativa.

Su iniciativa para crear la diputación migrante con una visión constitucional hacia 2027, es una de las reformas más significativas para Puebla en años recientes. Representa reconocer políticamente a quienes sostienen comunidades enteras desde el extranjero. A esto se suman sus propuestas para la atención integral de comunidades indígenas, su apertura a debates complejos en materia de derechos humanos y su compromiso por elevar la productividad legislativa ampliando los periodos de sesiones.

Pavel Gaspar también entiende que la política no se agota en el pleno. Su vinculación con la sociedad civil, el respaldo al deporte, la preservación cultural y la cercanía con la ciudadanía reflejan una idea clara: el Congreso no debe ser un ente aislado, sino un medio vivo, conectado con el pueblo.

Su aspiración a la dirigencia estatal de Morena y su cercanía con el gobernador Alejandro Armenta no son producto de la casualidad, sino del reconocimiento a una trayectoria consistente. Pavel representa a una izquierda que sabe dialogar con otras corrientes progresistas y nacionalistas cuando el objetivo superior es el bien común.

En Pavel Gaspar Ramírez convergen historia, pasión por servir y visión a futuro. En una política saturada de discursos vacíos, su figura destaca porque tiene algo cada vez más escaso: credibilidad. Y eso, hoy, es una forma de liderazgo que merece ser reconocida y defendida.