Implacable por Paty Herrera

Ahora resulta que la diputada Susana del Carmen Riestra Piña pretende erigirse como la adalid del honor institucional, la defensora de la soberanía de las instituciones y la guardiana del respeto republicano. Curioso, cuando apenas hace un año ella y sus dos hermanos estaban bajo la lupa pública por un presunto exceso de propiedades e ingresos cuya procedencia nunca terminó de quedar del todo clara.

Pero ya conocemos bien a la falsa derechita de juguete poblana. Tibia y moralina cuando le conviene, pero estridente y vociferante cuando el ataque es personal. En esos casos no escatiman los gritos ni acusaciones desde la tribuna, aunque en el fondo no tengan ni la menor idea ni de los procesos legislativos ni de algo tan elemental como la economía de la información.

La tríada Riestra Piña conoció demasiado pronto los placeres y el confort de vivir del presupuesto público, siempre cobijados bajo el ala protectora de la administración Morenovallista. Muy distinto es el caso de su perseguido, el Mtro. Leopoldo de Lara, quien ha sostenido durante décadas una lucha personal por el bienestar de los capitalinos y ha construido una trayectoria propia, sin padrinazgos ni andaderas políticas.

Porque cuando alguien se hace camino al andar, el ruido del nepotismo panista no alcanza a opacarla, mucho menos a manchar el prestigio ganado en el servicio público. Algo que, al parecer, la exfuncionaria del Ayuntamiento prefiere olvidar, ya que formó parte de una de las administraciones municipales más cuestionadas de los últimos años, una gestión que no sólo volvió a endeudar a los poblanos, sino que además dejó a la capital sumida entre la inseguridad y los escándalos de corrupción.

¿De verdad esas omisiones y esa conveniente complicidad ya se le borraron de la memoria a la diputada Susana Riestra Piña?

Y si de cuentas claras se trata, ¿por qué no comenzar con una auditoría exhaustiva a todos los integrantes de la desastrosa administración del panista Eduardo Rivera Pérez? No está de más recordarle que, cuando el actual presidente municipal tomó las riendas de la capital, declaró públicamente que ni siquiera había recursos suficientes para pagarle a los empleados.

Tal vez por eso la purísima y eternamente hipócrita curia panista poblana haría bien en revisar primero su propio confesionario político antes de lanzar piedras desde la comodidad de un cargo público.