Implacable por Paty Herrera

Lo que hoy ocurre en México no es una simple “Crisis de Desapariciones”, es el fracaso rotundo de la Izquierda mexicana, agravado por la obstinación ideológica y la cobardía política del gobierno de La SeñorA PresidentA con A. La resolución del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada no deja espacio para simulaciones, hay indicios comprobados de crímenes de lesa humanidad. Y, aun así, la reacción de la señora Sheinbaum ha sido la de siempre, negar, descalificar y atrincherarse en una narrativa tan hipócrita como cínica.

El gobierno sabe perfectamente la magnitud del horror, más de 132 mil desaparecidos, decenas de miles de restos sin identificar, cientos de fosas clandestinas por todo el país y aun así el régimen elige mirar hacia otro lado. Porque reconocer la realidad implicaría aceptar lo evidente: que la estrategia de “Abrazos no Balazos” del Mesías Tropical fue un completo desastre, que las instituciones están rebasadas y que el discurso de la Transformación de Cuarta se estrella contra gigantesca la fosa común en la que han convertido a México.

No se trata de una recomendación menor ni de un informe más, es el máximo nivel de alerta ante la sospecha de prácticas sistemáticas contra la población civil. Y frente a eso, el oficialismo responde con una mezcla de nacionalismo pendejo y soberbia gubernamental. Acusan “intervencionismo” a la ONU mientras el país se desangra.

Sheinbaum se indigna por el tono del informe, pero guarda silencio ante las madres que excavan la tierra con sus propias manos buscando a sus hijos. El argumento de que: “la culpa es el crimen organizado” no sólo es insuficiente, es una confesión de su incapacidad.

Gobernar no consiste en repartir culpas, sino en ejercer el monopolio de la fuerza, investigar delitos y garantizar justicia. Si Morena no puede o no quiere enfrentar a los criminales y, peor aún existen pruebas de la complicidad de sus miembros con el narco, lo que tenemos no es sólo debilidad institucional, es descomposición.

Pero hay algo todavía más indignante, el desprecio hacia las víctimas. Mientras el régimen se enfrasca en disputas discursivas con organismos internacionales, las familias siguen solas, expuestas y amenazadas. En México, buscar a un desaparecido se ha convertido en una sentencia de muerte. Y esto ocurre porque el Estado ha renunciado en los hechos, a cumplir su función más básica.

Rechazar la cooperación internacional en este contexto no es solo un acto de soberanía, es un acto de irresponsabilidad criminal. Es cerrarle la puerta a recursos, peritajes y mecanismos que podrían acelerar la identificación de más de 80 mil cuerpos y la localización de miles de personas. Es, en términos simples, es prolongar el sufrimiento por conveniencia política. Porque aceptar ayuda implicaría admitir el fracaso de López Obrador y la 4T. Y Morena ha demostrado que prefiere sacrificar la verdad antes que reconocer un error.

El costo de esta necedad ya es visible. México no sólo enfrenta una tragedia humanitaria; enfrenta también un deterioro acelerado de su credibilidad internacional. Somos un país señalado por posibles crímenes de lesa humanidad y, en lugar de cooperar, adoptar una postura hostil, coloca al país en la lista de los Estados que eluden la rendición de cuentas.

Aquí no hay matices posibles. Un gobierno que niega la realidad, que minimiza a las víctimas y que rechaza la ayuda para resolver una crisis de esta magnitud, deja en claro que los rumores son ciertos y que es el crimen organizado, quien realmente gobierna a México

La pregunta ya no es si necesitamos ayuda internacional. La pregunta es cuánto más daño está dispuesto a solapar la 4T antes de dejar de mentirle a sus defensores. Porque cada día de negación, es un día más de impunidad, un día más de abandono, un día más en el que Claudia Sheinbaum demuestra lo débil que es y que nunca ha tenido el mando del país… y, peor aún, que quien realmente sigue gobernando es Andrés Manuel López Obrador y los Cárteles mexicanos.