
Implacable por Paty Herrera
Se dice y se rumora en Radio Pasillo que la Señora Sheinbaum no pierde oportunidad para recriminarle a la actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, por su mediocre desempeño al frente de la administración capitalina y es más que evidente que la urbe se encuentra en un severo deterioro urbano, las estadísticas de pobreza son cada vez más altas y ciertas alcaldías mantienen un estatus de ingobernabilidad que hace que ni siquiera el Ejército y la Guardia Nacional se atrevan a entrar a esos barrios bravos.
La temporada de lluvias apenas comenzó y, en cuestión de días, los capitalinos ya han sido testigos de inundaciones en calles y avenidas, así como de afectaciones al sistema de transporte público, incluido el Metro. Lo preocupante es que estos problemas no son nuevos ni imprevisibles; son consecuencia de años de rezagos en mantenimiento e infraestructura. De persistir esta falta de previsión, las afectaciones podrían agravarse y traducirse en mayores pérdidas para la población.
En lo que si gastó Clarita fue en la compra de 5,814 litros de pintura morada con un costo casi un millón de pesos para pintar inmobiliario, esculturas y señalizaciones de la Ciudad de México. Esta decisión generó cuestionamientos debido a que diversos estándares internacionales recomiendan el uso de colores específicos para identificar zonas de riesgo y señalizaciones preventivas, tradicionalmente asociadas al color amarillo.
Y para revertir el capricho de Brugada se tuvieron que comprar otros cinco mil litros de pintura amarilla, cabe mencionar que esta corrección no se debe a las criticas sino a que la FIFA establece en sus condiciones que las ciudades mundialistas deben respetar las normativas de urbanidad internacionales.
Mención aparte merece la llamada “Ajolotización” de la capital. Como se ha señalado en diversas ocasiones, la FIFA impone una serie de lineamientos a las ciudades anfitrionas. Sin embargo, la administración de Clara Brugada optó por impulsar una estrategia estética basada en la proliferación de figuras de ajolotes y en la utilización masiva del color morado como elemento distintivo de la ciudad. Al final, gran parte de estas intervenciones han tenido que ser modificadas o revertidas para ajustarse a las exigencias internacionales, provocando un gasto adicional de recursos públicos para corregir decisiones que nunca debieron implementarse.
Dejando a un lado los caprichos y excentricidades de la Jefa de Gobierno, la cruda realidad es que existen graves rezagos en materia de mantenimiento y urbanismo. Existen clínicas en pésimo estado que continúan operando pese a las denuncias sobre falta de medicamentos, equipamiento insuficiente y escasez de personal médico, el narcomenudeo y la prostitución de menores de edad se mantienen al alza en la ciudad.
Hay carteles inmobiliarios que continúan en el anonimato, cuyos presuntos esquemas de corrupción y redes de influencia continúan generando cuestionamientos públicos. La percepción de impunidad alrededor de estos grupos criminales ha erosionado la confianza ciudadana y ha alimentado la sospecha de que existen intereses políticos y económicos de la 4T que impiden una actuación firme de las autoridades.
Si Clara Brugada mantiene el mismo rumbo, la Ciudad de México corre el riesgo de profundizar sus problemas hasta alcanzar niveles de deterioro que serán cada vez más difíciles y costosos de corregir, dejando a millones de capitalinos expuestos a una realidad marcada por la precariedad, la inseguridad y la falta de soluciones efectivas.