Por Antonio Ladrón de Guevara

Tinacos por credenciales

El CIS descubrió que algunos medios no cubren eventos públicos: cubren presencias

Nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen a los hechos

Napoleón Bonaparte

En los húmedos pasillos de la secretaría del Bienestar, donde la política se practica más como alquimia electoral que como servicio público, la secretaria, Laura Artemisa García Chávez, parece haber confundido los programas sociales con cofres de botín repartidos entre vasallos obedientes.

Una grabación reciente —esa clase de códice maldito que siempre termina escapando de las murallas del poder— exhibe a presuntos operadores ligados a la funcionaria morenista promoviendo la entrega de tinacos a cambio de reclutar beneficiarios de programas sociales. El precio del favor no sería oro ni lealtad ideológica: bastaría con la credencial del INE, ese pequeño talismán democrático que algunos políticos todavía creen que puede intercambiarse como ficha de mercado.

La escena retrata un viejo conjuro de la política mexicana: transformar la necesidad en clientela y la pobreza en maquinaria electoral. Nada particularmente novedoso, salvo quizá el descaro artesanal con el que se ejecuta.

Artemisa, cercana al gobernador Alejandro Armenta y aparentemente empeñada en conquistar la alcaldía de Puebla, navega ahora entre rumores, filtraciones y mediciones que no terminan de coronarla como la gran heredera del obradorismo poblano. Porque ni todo el aparato del estado alcanza para fabricar carisma donde apenas existe burocracia con ambición.

Y es ahí donde surge la verdadera tragedia política: mientras la narrativa oficial insiste en vestirla como una estratega en ascenso, las encuestas la muestran más cercana a un personaje secundario atrapado en una saga demasiado larga y cada vez menos creíble.

La crítica no radica únicamente en el posible uso electoral de los apoyos públicos —práctica tan vieja como el PRI de los años dorados,— sino en la pobreza política del método. Tinacos por credenciales. Favores por padrones. Operadores disfrazados de benefactores. Una épica mediocre para tiempos que exigen algo más que clientelismo reciclado con colores guinda.

Al final, el problema para Artemisa quizá no sea el escándalo. En Puebla los escándalos envejecen rápido. El verdadero problema es que, pese al ruido, pese al aparato y pese al presupuesto, su proyecto político sigue sin despegar. Y ningún tinaco, por grande que sea, alcanza para almacenar legitimidad.

Hay fechas que quedan marcadas en la historia de Puebla. 

Cuando no hay gobernador, tampoco hay periodismo

En el territorio burocrático del CIS, donde los ecos del poder suelen rebotar entre aduladores y reporteros, el martes ocurrió un fenómeno casi sobrenatural: el salón de protocolos lució semivacío durante la rueda de prensa del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta.

La ausencia del mandatario bastó para romper el hechizo. Como mercenarios sin paga, varios medios con convenios firmados decidieron no presentarse. Porque una cosa es cubrir la agenda pública y otra muy distinta fingir interés cuando no hay reflector. 

Mientras tanto, en algún rincón olvidado de la Oficina de Comunicación Social, quedó el efímero paso de Claudia Hernández misma que compartió en la red social X la falta de los representantes de medios. 

Su gestión fue tan breve y gris que apenas alcanzó para convertirse en nota al pie dentro del interminable pergamino de improvisaciones gubernamentales. Su estancia tuvo la duración de un cometa burocrático: apareció, brilló apenas unos segundos y desapareció sin dejar más rastro que la percepción de desorden y frivolidad institucional.

Y ahí entraron en escena los nuevos señores feudales del populismo de palco: García Parra y “La Bonita” Sánchez, repartiendo entradas para el partido España vs Perú como si administraran el tesoro de una corte medieval. Pan y circo versión 4T poblana: menos transparencia y más entretenimiento subsidiado, mientras la credibilidad institucional sigue perdiendo el partido más importante.

#OpiniónDeAltoVoltaje 

@AntonioLGuevara