Implacable por Paty Herrera

No, amigo argentino, nadie envidia sus copas, ni a Messi, ni su asado, ni su supuesta “blanquitud racial”. Su vecino Brasil ha ganado cinco copas y nadie los odia; al contrario, los brasileños son bienvenidos y celebrados en toda Latinoamérica y, sí, a pesar de que tienen a un sátrapa como presidente, los brasileños son vistos como personas cálidas y amigables.

Pero ustedes, los argentinos, no…

Son percibidos como personas arrogantes, groseras, abusivas, deshonestas, malagradecidas y, sobre todo, racistas. No solo por el odio que son incapaces de disimular hacia los mexicanos; también consideran inferiores a los bolivianos, a los peruanos, a los propios brasileños e inclusive suelen ser bastante despectivos hacia sus vecinos chilenos.

Desde siempre, los comentaristas argentinos han lanzado insultos racistas a México, pero también a otros países. El propio Diego Armando Maradona comentó con desdén en una entrevista que haber ganado el campeonato mundial en México le daba igual. Sin lugar a dudas, Maradona fue el más grande astro futbolístico argentino antes de Messi, además de un golpeador de mujeres, un drogadicto y un pederasta.

A Maradona le encantaba viajar a Cuba no solo por el ilimitado acceso al alcohol y a las drogas, sino también por las jovencitas vírgenes que le llevaban a sus habitaciones.

Pero lo que Argentina no puede borrar de su historia es el hecho de que Juan Domingo Perón, otro célebre pederasta, ayudó y protegió a prominentes delincuentes nazis tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Buenos Aires, Bariloche y la Patagonia fueron las regiones predilectas de estos criminales de guerra para establecerse y prosperar.

Adolf Eichmann, Gerhard Bohne, Josef Mengele y Erich Priebke son solo algunos de los genocidas que vivieron protegidos por el peronismo en Argentina.

Tal vez sea solo una consecuencia del karma que ahora Argentina sea el país más odiado de América Latina, o simplemente sea el resultado de la actitud agresiva y discriminatoria que han tenido los argentinos hacia los demás países, disfrazándola de pasión futbolera.

Curiosamente, la mayoría de la migración argentina es hacia México, el país que tanto odian; desgraciadamente para los inmigrantes argentinos, tienen que venir a trabajar y servir a los mexicanos a quienes tanto juran despreciar.

No obstante, la Argentinofobia se ha extendido a otros países, y esto se debe a la forma de ser de los argentinos, no a un complot financiado por la izquierda mexicana liderada por Claudia Sheinbaum.

Su presidente, Javier Gerardo Milei debería ponerse a trabajar y a cumplir las promesas de campaña que no ha consumado, ya que, en los hechos, no está logrando los objetivos para los que fue elegido: la inflación sigue creciendo a un ritmo alarmante y la economía argentina no logra repuntar.

A Milei le encantan los viajes a Israel, pero lleva meses sin pisar las regiones más pobres y conflictivas de Argentina. Tal vez sea hora de que “El Loco” se ponga a trabajar en su país y deje de inventarse complots al más puro estilo del kirchnerismo.