
Implacable por Paty Herrera
Hay liderazgos que se limitan a ocupar un cargo y otros que entienden que una responsabilidad pública debe traducirse en resultados. En el Congreso del Estado de Puebla, Pável Gaspar Ramírez parece apostar por la segunda vía: convertir su posición al frente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (JUGOCOPO) en un espacio para impulsar acuerdos, modernizar el trabajo legislativo y colocar a Puebla en el mapa de la agenda parlamentaria nacional.
Uno de los ejemplos más visibles es la realización en Puebla, del 13 al 15 de agosto, de la XXIX Asamblea Nacional de la Asociación Nacional de Oficiales Mayores de los Congresos de los Estados (ANOMAC), con la participación de representantes de los 32 congresos estatales. Llevar este encuentro a la entidad no es solamente una cuestión protocolaria. Representa una oportunidad para intercambiar experiencias, discutir nuevas herramientas —incluida la inteligencia artificial— y avanzar hacia congresos más eficientes y profesionales.
Este esfuerzo adquiere especial relevancia por la coordinación con el secretario general del Congreso, Julio Leopoldo de Lara, cuya experiencia técnica y perfil político han permitido construir una mancuerna que puede fortalecer la conducción parlamentaria. La llegada de un perfil político a esta cartera también abre una etapa distinta en la relación entre la operación institucional y la conducción política del Poder Legislativo.
Pero el liderazgo de Gaspar Ramírez no se limita a la organización parlamentaria. Una de sus principales líneas de trabajo ha sido la defensa y el reconocimiento de los pueblos indígenas y afromexicanos. La iniciativa para reformar el artículo 13 de la Constitución de Puebla busca armonizar la legislación local con la Constitución federal y reconocer a estos pueblos y comunidades como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio.
A ello se suma el diálogo interestatal para analizar la viabilidad jurídica de cambiar la denominación del llamado “Paso de Cortés” en reconocimiento a los pueblos originarios. Más allá del debate sobre el nombre, el planteamiento coloca sobre la mesa una discusión de fondo: cómo reconocer la historia, identidad y derechos de las comunidades indígenas en las decisiones públicas contemporáneas.
Otro aspecto relevante es su apuesta por una mayor eficiencia legislativa. La propuesta para depurar iniciativas que han perdido vigencia o viabilidad busca enfrentar uno de los problemas recurrentes de los congresos: la acumulación de asuntos en la llamada “congeladora legislativa”. Limpiar y ordenar el trabajo parlamentario puede parecer una tarea administrativa, pero en realidad tiene una consecuencia política importante: permitir que las comisiones concentren sus esfuerzos en los asuntos que realmente tienen posibilidades de convertirse en políticas públicas.
Desde su representación del Distrito 23, con cabecera en Acatlán de Osorio, también ha impulsado una visión territorial de la educación. La propuesta de incorporar el enfoque territorial a la legislación educativa parte de una premisa sencilla, pero frecuentemente olvidada: no todas las regiones de Puebla enfrentan las mismas condiciones. La Mixteca, por ejemplo, requiere políticas que consideren sus particulares circunstancias sociales y económicas.
En conjunto, estas acciones dibujan un estilo de liderazgo que busca combinar política, operación parlamentaria y agenda social. El verdadero desafío, sin embargo, será que estas iniciativas trasciendan los anuncios y se conviertan en resultados duraderos para Puebla.
Por ahora, la organización de un encuentro nacional de esta magnitud, el impulso a la agenda indígena, la depuración legislativa y la incorporación de una perspectiva territorial en materia educativa muestran a un Congreso que intenta moverse de la inercia hacia una dinámica más activa.
Pável Gaspar Ramírez está demostrando que, en política, querer no siempre es suficiente, pero cuando existe capacidad de gestión, construcción de acuerdos y una agenda definida, sí puede convertirse en el punto de partida para hacer que las cosas sucedan.
El reto será mantener ese ritmo y convertir cada iniciativa en resultados concretos. Ahí es donde, finalmente, se mide cualquier liderazgo público