Implacable por Paty Herrera

La mañana del 21 de agosto, a las 9:16 a. m., Rubén Rocha Moya publicó en su cuenta de X su decisión personal de retomar el cargo como gobernador de Sinaloa, poniendo fin a su licencia temporal. Las reacciones no se hicieron esperar: medios nacionales e internacionales no solo informaron sobre la situación, sino que emitieron críticas y opiniones contundentemente negativas.

La Señora PresidentA con A, quien se encontraba en su casita debido a una supuesta infección de garganta, se limitó a emitir un comunicado impersonal, timorato y tibio, dejando en evidencia que no estaba al tanto de lo ocurrido y mucho menos de acuerdo.

La cúpula morenista le dio la espalda de inmediato. El propio Ricardo Monreal, con semblante adusto, lo urgió a retractarse; los rostros desencajados y las expresiones de desconcierto en el oficialismo eran más que evidentes. Los discursos de los sesudos asesores de Doña Claudia no han sido lo bastante convincentes como para ocultar el pánico y el desconocimiento total de lo acontecido durante las 34 horas en que Rocha Moya reasumió funciones.

Al final, Rocha Moya desistió y solicitó licencia por tiempo indefinido, al margen de quién resulte designado para ocupar el cargo o de si Yeraldine Bonilla continuará como gobernadora interina, a quien, por cierto, el propio mandatario denigró en público calificándola de “meserita de lonchería”.

El trasfondo de esta maniobra resulta inquietante. Rocha Moya podrá ser corrupto, pero no estúpido: sabía bien que las repercusiones serían sumamente costosas y arriesgadas. La orden tuvo que descender desde la cúspide para recordarle a la estructura del régimen quién ostenta el mando real en la 4T.

¿Qué ocurrió verdaderamente durante esas 34 horas?

¿Por qué fabricaron una cortina de humo de tal magnitud?

¿Cuáles eran las intenciones reales detrás de obligarlo a montar semejante espectáculo?

Andrés Manuel López Obrador es sin duda una de las mentes más maquiavélicas y siniestras de la política mexicana y en el tablero político, Rocha Moya es un peón prescindible, y lo que está por venir podría cambiar el rumbo del país para siempre.