
Implacable por Paty Herrera
Las recientes versiones sobre el posible retorno de Laura Artemisa García Chávez al Congreso de Puebla —tras su paso por la Secretaría de Bienestar y los reveses políticos que habrían frenado sus aspiraciones rumbo a 2027— abren un debate necesario sobre el rumbo de la política local. Si bien se trata de un movimiento aún sin confirmación oficial, la sola posibilidad de su reincorporación a la curul y a la presidencia de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (JUGOCOPO) en sustitución de Pavel Gaspar genera profundas dudas en el termómetro legislativo.
Durante su anterior gestión al frente del Poder Legislativo, el sello característico estuvo marcado por desencuentros y costosos tropiezos operativos. Casos emblemáticos como el fracaso de la llamada “Ley Casco” y la invalidación de la Ley de Ciberasedio por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación —frutos directos de la deficiente operación de su incondicional Jesús Juárez Lezama, director de asuntos jurídicos y de estudios legislativos— evidenciaron una administración de puertas cerradas y graves errores normativos que metieron al Congreso en severos problemas. A esto se sumaron un clima de tensiones internas, tratos distantes con los legisladores y la persistente sombra de campañas de descalificación en la pugna por espacios de poder.
Hoy, el escenario es radicalmente distinto. El Congreso se ha reconfigurado bajo una dinámica de armonía, diálogo y acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas, dejando atrás los protagonismos innecesarios. Su eventual reingreso plantea una encrucijada: ¿optará por adaptarse a esta recta final con madurez institucional, o insistirá en dinamitar el ritmo armónico que tanto costó construir?
Una gestión contrastante: El liderazgo de Pavel Gaspar
Frente a la incertidumbre que representa este posible enroque, la comparación con el actual desempeño de Pavel Gaspar Ramírez resulta inevitable y sumamente favorable para este último. A diferencia de los conflictos del pasado, Gaspar Ramírez ha demostrado una gestión marcada por resultados tangibles, cercanía y una notable capacidad de diálogo.
Al despojar a la presidencia de la soberbia y la confrontación, ha consolidado un Congreso profundamente humano, tendiendo puentes sólidos con todas las corrientes políticas y grupos parlamentarios. Su conducción eficiente no solo ha garantizado la estabilidad interna del recinto de Los Fuertes, sino que ha evitado fricciones innecesarias con el Ejecutivo estatal, gobernando con eficacia y generando una genuina confianza en la ciudadanía poblana. El contraste es claro: mientras una etapa dejó cuentas pendientes y desaciertos políticos, la otra representa la consolidación de la política útil y conciliadora que Puebla necesita.