
Ricardo Caballero de la Rosa
Pensar
atreverse a crear
y trasladarse al alma
para acercarse al latir.
Pensar en descenso
hacia los espacios ignotos
donde no hay pausas ni mapas
sino intuiciones que buscan forma.
Pensar cuando cae el cuerpo
apenas sostenido por la infancia
en la invisible náusea del recuerdo
y la infatigable búsqueda de fe
que habita los actos
de intimidad heroica.
Pensar como escapa el colibrí
en su valiente oscilar suspendido
y atreverse a sentir cada pieza
de las palabras que duermen en los cajones
y las escenas que llegarán algún día
mientras el alma enciende una idea
que se refugia en el silencio.
Pensar al descender
y dar nombre a los actos
que entran en la carne del tiempo
y despiertan los sentidos huidizos
esos que escuchan nubes y mares
antes de que tengan nombre.
Pensar cuando el costado duele
entre el próximo paso y el andar
y los sueños que reproducen sombras
y el aliento que escapa
como si la inmensidad
pudiera atrapar las huellas
que se hunden
en el cosmos imaginado.
Pensar frente al horizonte abierto
cuando el precipicio tiene relieve
y las líneas trazan escenarios
que se transforman
en esa irrealidad persistente
en círculos que regresan y se alejan
que huyen
y nos retienen
envueltos como estamos
en este doler genuino
que nos rodea.
Pensar con los nuestros
donde los tuyos son continuidad
y los otros
el destello de una frase
que recoge de sus fulgores
la leve sensación de un pensar.
Pensar para acercarse
a lo que aún no comprendemos
para tocar el cuerpo del instante
para atravesar la imaginación
y escuchar el dolor
y reconocer en los otros
una parte de nosotros.
Pensar como la existencia misma
sin rutas ni certezas
con la humilde intuición
de que cada pensamiento
apenas abre una puerta
hacia lo que permanece
más allá.
Pensar para un final
que después de tanto descender
de tanto buscar
de tanto nombrar
quede solamente esa leve sensación
de un pensar que nos regale
la humildad ante esta visita.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com