Implacable por Paty Herrera

Hay una ironía macabra en la narrativa del segundo piso de la Cuarta Transformación.

Prometieron un sistema de salud al nivel de Dinamarca y lo que terminaron entregando es una institución en ruinas, ahogada en el déficit, desbordada por la impericia y administrada con una indolencia criminal.

La crisis que hoy sacude al sistema de salud mexicano es el resultado predecible de estatizar a lo tonto, saquear los fondos de los trabajadores para financiar experimentos socialistas y mantener a rancios bolcheviques al frente de las instituciones más críticas del país.

Que la base trabajadora del IMSS haya rechazado el insultante aumento salarial del 2.9% tabular y que la huelga cuelgue como una espada de Damocles sobre la cabeza de Zoé Robledo es solo el síntoma visible de una infección mucho más profunda.

La verdadera tragedia se vive en los pasillos: los bebés muertos en Durango y Guadalajara por falta de insumos básicos, médicos operando prácticamente con las uñas y, un desabasto crónico que condena a más de 79 millones de derechohabientes a la indefensión.

El verdadero despojo es económico y moral. El IMSS no es una limosna del gobierno; se financia con el esfuerzo de los trabajadores y los patronos, quienes entregan mes a mes hasta el 3.5% de su salario a cambio de un servicio que hoy parece una lotería mortal.

La ciudadanía, acorralada, ha tenido que migrar al sector privado para no morir en la espera: ahí están los números de la AMIS, con un incremento del 16% en pagos de siniestros de salud en el primer semestre de 2026.

Quien tiene para pagarse una póliza privada, la cual que supera con facilidad los $100,000 pesos anuales para un adulto mayor, asegura al menos una atención temprana. Quien no, queda a merced de las imposiciones de la PresidentA con A.

En cualquier país con un mínimo de rendición de cuentas, el señoritingo Zoé Robledo habría presentado su renuncia hace años. Bajo su muy decepcionante gestión, el Seguro de Enfermedades y Maternidad registró en 2024 un déficit voraz de $110,379 millones de pesos, un alza 88% en comparación a 2018.

Entre 2012 y 2024, el IMSS perdió el 13% de sus enfermeras, el 14% de sus camas y el 19% de sus consultorios por cada mil afiliados.

¿Dónde quedó el dinero del Pueblo Bueno?

En lugar de sanear la casa, la administración obradorista y su continuidad decidieron ordeñar la vaca hasta matarla. Para disfrazar el colapso del sistema de salud para no derechohabientes, convirtieron al IMSS en el “cajero automático” del fallido IMSS-Bienestar.

Un robo en despoblado de 20,700 millones de pesos del régimen ordinario fue confiscado para absorber decenas de hospitales y atender a 10 millones de personas sin seguridad social, bajo la promesa gubernamental de que todos los mexicanos tendrían un sistema de salud digno.

En español llano: A todos nos tocó la Ley de Herodes

Lo de Robledo ya no es solo ineficiencia; es una afrenta a al pueblo de México. Sin embargo, ahí sigue, cobijado por el Capo de Palenque, obligando a la señora Sheinbaum a inventarse más mentiras y poner cara de estreñimiento crónico como cada mañana.

“Nadie está obligado a lo imposible”, dijo la PresidentA con A. Está frase retrata a la perfección el espíritu del régimen: buenos para mentir, pero insaciables para despilfarrar el dinero público en obras faraónicas e inviables. Para estos degenerados financieros, no hay presupuesto para medicamentos, ni para aumentar el sueldo a los médicos que salvan vidas, ni para reparar quirófanos; pero sí hay recursos ilimitados para absorber deudas gubernamentales a costa del patrimonio del IMSS.

El IMSS se encamina directo a la quiebra financiera proyectada para 2031, recortando la calidad de vida de las familias mexicanas y pulverizando el ahorro de los trabajadores. La marcha nacional convocada por el personal médico para este 21 de octubre no es solo una exigencia laboral por un 10% de aumento; es un grito de auxilio de quienes ven cómo se derrumba el edificio desde adentro.

El modelo asistencialista y centralista de la Cuarta Transformación se hizo pedacitos de frente con la realidad económica.

La salud no se sostiene con soberanía, demagogia ni promesas de reembolso a futuro; se sostiene con rigor financiero, gestión profesional y presupuestos reales.

Al ritmo que van estos zurdos mentirosos, su “Bienestar” prometido no será más que la privatización de facto del sistema de salud a costa del bolsillo empobrecido del pueblo bueno y sabio.

“Ni perdón, ni olvido Andrés, ni perdón, ni olvido cabrón”.