Por Ricardo Caballero de la Rosa

Imaginar la luz

es obra del pensamiento

entrar en la oscuridad

y aprender de su oquedad.

La idea labra cielos

y el corazón descubre

en el ritmo de la sangre

la piel del mundo que asciende.

La razón alza mapas

sobre el abismo

mas el pensamiento desciende

donde enmudece el nombre.

La mar guarda fuegos

en su música incesante.

El agua

al tocar la noche

enciende lo que calla.

La tierra pierde sus formas

se quiebran sus antiguas leyes

y en lo que se deshace

algo germina

bajo la raíz de lo viviente.

El pensamiento baja

al corazón sombrío

y aprende de la noche

lo que la luz ignora:

el silencio que respira

en la entraña de la materia.

El misterio se encarna

en la tierra y en el cuerpo.

El mundo es un latido

donde respira el vacío.

Y el alma reconoce

en un vuelco de alas

lo que la idea apenas roza:

la verdad no alumbra desde fuera

sino arde en lo profundo

hasta volverse carne.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com