Implacable por Paty Herrera

Durante años, la izquierda vendió la idea de que la cercanía política con Washington y una supuesta fortaleza diplomática garantizarían estabilidad para la economía mexicana. Hoy, el fracaso en torno a la revisión del T-MEC demuestra exactamente lo contrario: México llegó a uno de los momentos comerciales más importantes de las últimas décadas con una posición debilitada, escasa credibilidad y una PresidentA con A más preocupada por lo que le van a preguntar en las mañaneras que en construir confianza con Estados Unidos.

Las críticas provenientes de diversos economistas y medios internacionales especializados no son casualidad. La administración de la señora Sheinbaum inicio el 2026 con un bajo crecimiento económico y profundizó una política exterior marcada por la improvisación, mientras Marcelo Ebrard, responsable de la estrategia económica internacional, es un perfecto inútil y el más claro ejemplo del porque no se le debe permitir ser presidente.

El T-MEC representa mucho más que un acuerdo comercial. Aproximadamente el 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, y el comercio bilateral supera los 800 mil millones de dólares anuales, convirtiendo a México en uno de los principales socios comerciales de la economía estadounidense. México dependía de una buena negociación y un buen acuerdo, lo cual jamás se materializará gracias al pésimo desempeño de la corrupta 4T.

Precisamente por eso resulta preocupante que diversos análisis económicos adviertan sobre un escenario de revisiones frecuentes que podría reducir la certidumbre para las empresas y fuentes de empleo para millones de mexicanos. El principal objetivo del tratado siempre fue ofrecer reglas claras y previsibilidad para inversiones de largo plazo. Si cada revisión se convierte en una negociación política permanente, el incentivo para instalar nuevas plantas manufactureras o ampliar operaciones en México disminuye considerablemente.

El mayor perjudicado sería el fenómeno del nearshoring. Durante los últimos años México tuvo una oportunidad histórica para atraer empresas que buscaban salir de Asia y acercarse al mercado estadounidense. Sin embargo, la inseguridad, la incertidumbre regulatoria, la reforma judicial impulsada por Morena y las constantes tensiones con inversionistas extranjeros ya habían sembrado dudas. Si además se añade el clima de ingobernabilidad que continúa creciendo, el panorama es devastador.

No se trata únicamente de una percepción personal. El Banco de México ha señalado reiteradamente que la economía mexicana va en retroceso. Organismos como la OCDE y el Fondo Monetario Internacional han criticado severamente a Claudia Sheinbaum por no ofrecer garantías reales que protejan la inversión extranjera.

La posición negociadora de nuestro país se debilitó porque todo el mundo sabe que en México gobierna el Narco y resulta difícil ignorar que, durante los últimos años, la relación bilateral se vio tensionada por disputas en materia energética, inquietudes sobre el debilitado Estado de Derecho y la extinción de organismos independientes y, que el gobierno de la 4T ha incumplido e ignorado acuerdos internacionales.

La respuesta de Sheinbaum ha consistido, una vez más, en descalificar las críticas y asegurar que todo forma parte de una estrategia política de Washington. Ese discurso puede funcionar en una mañanera, pero difícilmente tranquiliza a un inversionista que planea comprometer cientos o miles de millones de dólares durante los próximos veinte años.

La economía mexicana ha demostrado una enorme capacidad para competir gracias al esfuerzo de millones de empresarios y trabajadores, no gracias a la 4T sino a administraciones pasadas, esas que tanto criticó el Mesías Tropical.

El éxito exportador del país se construyó durante décadas mediante apertura comercial, integración productiva y estabilidad jurídica. Esos pilares no deberían ponerse en riesgo por unos cuantos narcogobernadores y narcofuncionarios que La PresidentA con A, ha decido proteger acosta del pueblo bueno y sabio

La negociación del T-MEC fracasó y el costo lo pagarán las empresas que cancelen inversiones, los trabajadores que dejen de encontrar empleos mejor remunerados y las familias que enfrenten un menor crecimiento económico.

Los bolcheviques de la T4 pueden intentar maquillar la crisis venidera durante algún tiempo. Pero la realidad traerá un fuerte colapso financiero para México.