Implacable por Paty Herrera

Hay decisiones que, por sí solas, comunican prioridades. Y pocas imágenes resultan tan elocuentes como La Señora PresidentA con A en la final del Mundial FIFA 2026 junto a Donald Trump y el primer ministro canadiense mientras, en nuestro país, colectivos de madres buscadoras, familiares de desaparecidos y organizaciones civiles siguen esperando un diálogo directo que jamás llegará.

Claudia Sheinbaum tiene todo el derecho de representar a México en eventos internacionales. Nadie discute la importancia política, diplomática y simbólica de una Copa del Mundo. Lo irritante es el mensaje que envía cuando existe la percepción de que hay tiempo para el protocolo, pero no para quienes buscan a sus hijos con el corazón roto y una pala en la mano.

Las madres buscadoras no piden privilegios. Piden ser escuchadas. Son mujeres que han hecho el trabajo que el Estado no quiere hacer. Mientras ellas recorren desiertos, montes y fosas clandestinas, La PresidentA con A parece más preocupada por cuidar la imagen internacional que por atender una de las crisis humanitarias más profundas que enfrenta México.

Y esa desconexión resulta todavía más evidente cuando se observa lo ocurrido apenas en la última semana.

En el ámbito internacional, el Gobierno mexicano presentó reclamos diplomáticos tras confirmarse la muerte de 17 connacionales bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) o durante operativos migratorios en Estados Unidos. La indignación aumentó con el caso de Lorenzo Salgado, un mexicano de 52 años que murió tras recibir disparos de agentes en Houston durante una persecución. La defensa de los mexicanos en el exterior exige una conducción firme, constante y cercana.

Dentro del país, la violencia tampoco concede tregua. El asesinato del periodista Josué Martínez Contreras, director del portal Noticias San Martín Texmelucan, elevó a seis el número de comunicadores asesinados en México durante el año. Cada homicidio representa un golpe a la libertad de expresión y un recordatorio de que informar sigue siendo una profesión de alto riesgo.

En Jalisco, además, autoridades rescataron a cuatro jóvenes que permanecían privados de su libertad, encadenados y retenidos en celdas dentro de un inmueble utilizado como un presunto “call center” clandestino. El caso volvió a exhibir la capacidad operativa del crimen organizado y las fallas del Estado para impedir este tipo de actividades.

La agenda política tampoco ofreció estabilidad. La detención del exgobernador Ernesto Ruffo Appel por acusaciones de presunta delincuencia organizada y contrabando, así como la difusión de supuestos audios atribuidos a la gobernadora Marina del Pilar sobre reuniones con agencias estadounidenses, reavivaron el debate sobre la soberanía, la corrupción y la fallida relación con Washington.

A ello se sumaron las emergencias naturales. Chiapas registró una intensa actividad sísmica, con al menos 14 movimientos telúricos en menos de 24 horas y un evento principal reportado de magnitud 7.4, lo que obligó a evacuaciones preventivas y activó protocolos de protección civil. Paralelamente, la Secretaría de Salud emitió alertas para prevenir brotes gastrointestinales asociados con la temporada de lluvias.

Frente a este panorama, la discusión no gira únicamente alrededor de un viaje presidencial. Se trata de las señales políticas. Un gobierno comunica tanto por las reuniones que sostiene como por aquellas que evita.

Desde el oficialismo suele argumentarse que el contacto con los colectivos existe mediante distintas dependencias. Sin embargo, para miles de familias que buscan a un ser querido desaparecido, la ausencia de encuentros directos con la titular del Ejecutivo alimenta la percepción de distancia e indiferencia.

Gobernar implica establecer prioridades visibles. Cuando el país enfrenta desapariciones, violencia contra periodistas, crisis de seguridad, tensiones diplomáticas y emergencias sanitarias, la fotografía desde un estadio corre el riesgo de convertirse en el símbolo de un gobierno increíblemente hipócrita al que a las heridas abiertas dentro de su territorio parecen no importarle.