
Implacable por Paty Herrera
Ha transcurrido apenas una semana desde que concluyó la Copa Mundial de la FIFA 2026. Se apagaron los reflectores, terminaron las transmisiones especiales y comenzó el momento que toda gran empresa enfrenta después de un evento de esta magnitud: evaluar resultados.
Para Televisa y su presidente, Emilio Azcárraga Jean, el balance parece ser muy negativo.
Durante años, la compañía apostó buena parte de su estrategia deportiva y comercial al Mundial organizado por México, Estados Unidos y Canadá. La multimillonaria remodelación del Estadio Azteca, la expansión de ViX, el fortalecimiento de TUDN y una cobertura sin precedentes fueron presentados como piezas centrales de una operación destinada a consolidar nuevamente el liderazgo de la empresa en el mercado deportivo.
Sin embargo, una vez concluido el torneo, el panorama parece mucho más un fracaso. Una inversión gigantesca… con resultados discutibles
Nadie puede negar la magnitud del despliegue realizado por Televisa. La empresa invirtió recursos importantes en infraestructura, producción, derechos de transmisión y cobertura internacional. El problema es que una gran inversión no garantiza automáticamente una gran conexión con la audiencia.
Durante el Mundial quedó claro que muchos aficionados privilegiaron el estilo narrativo de TV Azteca, encabezado por Christian Martinoli, Luis García y Jorge Campos, aun cuando gran parte de sus transmisiones se realizaron desde estudios en México mediante el formato off tube.
El contraste dejó una lección importante para toda la industria: la tecnología, los escenarios espectaculares y los presupuestos multimillonarios no siempre pesan más que la cercanía y la identidad construida durante años con el público.
Otro de los grandes proyectos de Televisa era consolidar a ViX como la plataforma definitiva para consumir el Mundial. No obstante, diversos usuarios reportaron problemas técnicos durante algunos encuentros de alta demanda. Las fallas generaron molestia entre suscriptores que esperaban un servicio acorde con el costo de la plataforma y con la importancia del torneo.
Más allá del impacto económico que estos incidentes hayan podido representar, el episodio evidenció que las plataformas digitales ya no tienen margen para fallar durante los eventos deportivos más importantes del planeta. La competencia en el streaming es demasiado intensa como para depender únicamente de la fuerza de una marca histórica.
Durante décadas, Televisa intento prácticamente la única voz del fútbol mexicano. Ese escenario cambió hace mucho. Y ahora con la llegada de las redes sociales, YouTube, los podcasts, los creadores independientes y las plataformas digitales han fragmentado la audiencia hasta el punto de que ninguna empresa puede asumir que controla la conversación pública. Y el Mundial 2026 pareció confirmar ese cambio de paradigma.
La discusión dejó de concentrarse exclusivamente en la calidad de las transmisiones y comenzó a girar alrededor de otros factores: autenticidad, credibilidad, personalidad de los narradores e incluso la relación histórica entre los medios y el fútbol mexicano.
Con el Mundial ya terminado, también regresó un debate que había permanecido parcialmente opacado durante el torneo: el futuro del fútbol mexicano.
La decisión de mantener suspendido el ascenso y descenso continúa siendo motivo de críticas entre diversos sectores de la afición.
Aunque esta medida corresponde a la estructura de gobierno de la Liga MX y de la Federación Mexicana de Futbol, resulta inevitable que parte del debate termine señalando a Televisa debido a la influencia histórica que el grupo ha tenido dentro del ecosistema del fútbol profesional mexicano.
Más allá de responsabilidades específicas, existe una percepción creciente entre aficionados de que el modelo actual prioriza la estabilidad financiera de los inversionistas sobre la competencia deportiva.
Esa percepción, acertada o no, representa un desafío importante para todos los actores involucrados.
Una empresa que necesita recuperar confianza
Televisa sigue siendo uno de los grupos de comunicación más grandes de habla hispana.
Dispone de recursos, infraestructura, derechos deportivos y una posición privilegiada dentro del mercado.
Pero el Mundial dejó claro que el tamaño ya no garantiza liderazgo.
El reto para Emilio Azcárraga no consiste únicamente en recuperar audiencias o mejorar indicadores financieros.
También pasa por reconstruir la confianza de un sector del público que hoy exige mayor transparencia, mejores productos digitales y una cobertura que conecte con las nuevas generaciones.
La competencia ya no se gana únicamente comprando derechos exclusivos o desplegando el mayor presupuesto. Se gana entendiendo a una audiencia que ahora tiene muchas más opciones para decidir qué ver, a quién escuchar y en qué plataforma hacerlo.
El verdadero desafío comienza ahora
Paradójicamente, el Mundial no representó el final de una estrategia para Televisa, sino el inicio de una nueva etapa.
Una vez apagada la euforia del torneo, desaparecen las cifras extraordinarias de audiencia y llega el momento de demostrar si las inversiones realizadas generarán beneficios sostenibles o si únicamente sirvieron para aprovechar el impulso temporal del evento deportivo más importante del mundo.
La próxima prueba no será dentro de cuatro años.
Será cada jornada de la Liga MX, cada transmisión de TUDN y cada usuario que decida si mantiene o cancela su suscripción a ViX.
Porque una semana después del Mundial 2026, la verdadera competencia ya no se juega en la cancha, sino en la credibilidad que los medios logren construir frente a una audiencia cada vez más crítica y menos dispuesta a aceptar liderazgos por tradición.