Implacable por Paty Herrera

El feminismo le ha mentido sistemáticamente a las mujeres, vendiéndoles una visión distorsionada de la realidad: la de una maquinaria ideológica violenta construida sobre dogmas perversos y falsedades que hoy se muestra desbordada e incontrolable.

Simone de Beauvoir, erigida como referente del movimiento, defendió postulados afines a la pederastia y se rodeó de pervertidos sexuales; a su estela se sumó un sector de intelectuales de izquierda caracterizado por un profundo resentimiento social, cuyo único horizonte parece ser la desestabilización del tejido social.

Es innegable que existen denuncias legítimas por violación, así como incontables mujeres víctimas de violencia intrafamiliar y homicidio a manos de parejas que juraron protegerlas antes de ultimarlas sin piedad. Del mismo modo, resulta desgarrador el drama de aquellas que sufrieron una muerte atroz y cuyos cuerpos continúan desaparecidos.

La misoginia es una real, pero la misandria es una realidad innegable. Sectores del feminismo han promovido un estigma sistemático contra los varones por el solo hecho de serlo, permeando de forma alarmante el aparato institucional y judicial.

Los varones también sufren discriminación, acoso y maltrato físico o psicológico en el ámbito privado. Agresiones que rara vez se denuncian, no por simple pudor, sino por el temor real a desproteger a sus hijos.

En este contexto, una denuncia falsa opera como un arma cargada puesta a disposición de cualquier fémina. Las reformas normativas han derivado en un esquema asimétrico donde la sola imputación basta para destruir la presunción de inocencia. Estos actos de fabulación maliciosa deberían tipificarse de forma severa, pues imponen una condena social y económica devastadora sobre el acusado y su familia, agravada por los costos altísimos que implica costear una defensa legal en México ante señalamientos de índole sexual.

La actuación en redes sociales de la magistrada ultrafeminista Arely Reyes Terán, revictimizando y estigmatizando públicamente al profesor Alberto Jasso, resulta inadmisible para el ejercicio de la función jurisdiccional. Que continúe en su cargo evidencia la severa crisis de imparcialidad que atraviesa el sistema de justicia en México.

El trágico desenlace del profesor Alberto Israel Jasso Cruz no puede quedar en el olvido. Su caso debe sentar un precedente firme para la defensa de la presunción de inocencia, el debido proceso y la equidad procesal.

Dedicado a la memoria de:

Alberto Israel Jasso Cruz

Armando Vega Gil

Agustín Muñoz

Víctimas de imputaciones infundadas que los llevaron al extremo de perder la vida.