
Implacable por Paty Herrera
Han transcurrido tres años desde el trágico asesinato de Cora, Dawson y Callan, los tres pequeños hijos de Lindsay Clancy, a quienes ella misma estranguló.
Lindsay planificó la muerte de sus hijos con la frialdad de un depredador. La forma en que los atacó implica que tuvo que verlos agonizar hasta sus últimos instantes, actuando con total saña y sin el menor atisbo de piedad.
Una persona que atraviesa un brote psicótico es incapaz de idear y ejecutar un plan tan detallado; su estado de alteración e histeria le impediría llevar a cabo un acto de tal precisión. Lindsay calculó el tiempo exacto en que su marido estaría fuera de casa, seleccionó como arma las bandas elásticas de ejercicio que tenía en su hogar e incluso intentó quitarse la vida para evadir su responsabilidad, un comportamiento recurrente en este tipo de perfiles sociopáticos.
Esta tragedia es, por sí sola, un hecho horrendo, pero resulta aún más preocupante observar a cientos de mujeres feministas que defienden a esta filicida, publicando cientos de videos en redes sociales maltratando a sus propios hijos para negar la realidad y exigir su absolución.
Peor aún, se han registrado casos de mujeres feministas que replican estas conductas; recientemente, Corie Walsh estranguló a su hijo de dos años, Barret, quien fue hallado sin vida por una vecina.
En Argentina, el pequeño Lucio Dupuy fue asesinado a golpes por su madre y la pareja lésbica de esta. Otra tragedia evitable en la que una jueza feminista determinó que el niño debía permanecer bajo la custodia materna, ignorando las múltiples pruebas de abuso físico que existían en el expediente.
El feminismo le ha mentido a toda una generación de mujeres, les hizo creer que los hombres son sus enemigos y al parecer ahora también les ha hecho creer que es justificable asesinar a sus propios hijos.